Mundo Fragaria
Había una vez una niña que guardaba un secreto. No estaba escondido en un cajón ni entre las páginas de un libro. Vivía en el campo de sus abuelos, entre las frutillas maduras, las flores silvestres y las plantas que crecían libres siguiendo el camino del sol. Cada vez que llegaba allí, con sus vestidos de cuento y los bolsillos llenos de curiosidad, el mundo parecía hacerse más lento. Las flores le contaban historias, las frutillas perfumaban el aire y el viento le recordaba algo importante: que la imaginación es uno de los tesoros más valiosos de la infancia. Porque mientras los grandes aprenden a mirar, las niñas saben ver. Y en aquel rincón del campo, donde todo parecía sencillo, ella descubría una y otra vez la belleza inmensa de ser niña.
