Mundo Fresa
Dicen que hay campos donde las frutillas son más dulces porque guardan las risas de las niñas. Aquella mañana, Alma salió con su canasta a descubrir si era verdad. Probó una frutilla tibia de sol, otra escondida bajo las hojas y una más que parecía la más pequeña de todas. Cada una tenía un sabor distinto: pero todo era descubrimientos y secretos recién contados. Mientras caminaba, giraba sobre sus zapatos rojos, inventando bailes entre los yuyos y saludando a los pájaros que observaban desde las ramas. El viento despeinaba su pelo y las margaritas silvestres se movían al compás de sus pasos al bailar. Alma todavía no lo sabía, pero aquel campo no estaba lleno solamente de frutillas, estaba lleno de momentos de su infancia únicos e inolvidables. Y esa mañana iba a pasar el día entero coleccionando sus pequeños tesoros
